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CINE
Estas dos películas son muy interesantes para nuestra labor Pastoral-Educativa:
- Ni uno menos
- El color del paraíso
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SECCIÓN DE ESTRENOS
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“De Dioses y Hombres”
Este es el título de una conmovedora, excepcional y hermosa película de Xavier Beauvois recientemente estrenada en España. El film se inspira en el martirio de siete monjes cistercienses en Argelia en 1996, a manos de unos fundamentalistas islámicos. Es un canto a la vocación cristiana, a la consagración por la vida, a la caridad y al testimonio de la “levadura en medio de la masa”. Y de cómo la verdadera religiosidad une a las personas y el fanatismo trae la guerra a los pueblos.
Asistimos a un fenómeno insospechado en un mundo secularizado y cargado de anticlericalismo. Cada vez son más frecuentes las películas religiosas (Cf. J. Orellana, Alfa y Omega 23.12.2010), parece como si el cine adivinara el hambre y sed de Dios que sufre el hombre contemporáneo. Así, curiosamente este film Des hommes et des dieux, en la “secularizada y laica” Francia ha tenido un éxito arrollador y estuvo en cuatro semanas seguidas encabezando el ranking de películas más taquilleras y la han visto tres millones de franceses. Se ha comercializado en más de cincuenta países y ha sido seleccionada para representar a Francia en los Oscar.
¿De qué se trata? Es la historia de los monjes franceses instalados en el pueblo argelino de Thibirine que ante el peligro que corre sus vidas tienen que discernir si permanecer en el monasterio y continuar al lado de aquellas pobres gentes o abandonar por un tiempo aquel lugar para salvarse. Es decir, se plantea el dilema de la fidelidad a los ideales evangélicos de la paz y de la caridad, con el riesgo de perder la vida, o buscar una salida “razonable” para poder seguir su vida monástica en otro sitio.
Los hechos trascurren en el enclave del Atlas argelino donde esta pequeña comunidad monacal convive en paz y armonía con la población musulmana. Compaginaba la vida monástica de contemplación, oración, silencio, estudio y trabajo, con el ejercicio de la caridad mediante un pequeño dispensario y ayuda a los habitantes del pueblo. Ellos eran como dirá una musulmana: “la rama del árbol que sostiene a los pájaros”. Si ellos partían de allí los “pájaros no tendrían donde sostenerse”. Pero los acontecimientos políticos vinieron a enturbiar aquella armonía perfecta. En diciembre de 1991, el FIS (Front Islamique de Salut) ganó la primera vuelta de las elecciones legislativas.
La segunda vuelta quedó anulada, y el 11 de enero de 1992 se declaró el estado de emergencia y tres días más tarde es asesinado el presidente Mohamed Boudiaf, que trae como consecuencia una guerra abierta entre el gobierno y los extremistas del GIA (Goupe Islamiste Armé), que recurren al terrorismo más sangriento que llegará hasta la profanación del claustro del Monasterio de Thibirine, la captura y posterior ejecución de siete de sus monjes.
El realizador francés recrea perfectamente la vida de la comunidad cristiana en tierras musulmanas: la capilla, el huerto, la cocina, la pequeña sala capitular, el rustico consultorio; así como sus quehaceres cotidiano con sus vecinos. A esto hay que añadir la belleza y humanidad de las escenas, totalmente alejadas de algo que pueda oler a algo ñoño o dulzón. Se cuenta con una magnífica ambientación y con unos primeros planos extraordinarios que nos va revelando en cada uno de los rostros de los monjes, su evolución humana, psicológica y espiritual ante la duda sobre qué hacer y el pánico que produce el inminente martirio.
El coloquio entre los monjes, el dificilísimo papel del prior de la comunidad, su reflexión sobre “el Misterio de la Encarnación y nuestra filiación” y su testamento espiritual hace que esta película sea una magnifica lección magistral de que “el amor es más fuerte que la muerte”, a pesar de que seamos mortales como reza al inicio del film con un texto del salmo 82: “Vosotros sois dioses, hijos del Altísimo, pero moriréis como todos los hombres, caeréis como cualquier príncipe…”
+Juan del Río Martín. Arzobispo Castrense
“Más Allá de la Vida”: Clint Eastwood nos señala la Vida más allá de la muerte.
Una nueva película del gran Clint. Una nueva lección de uno de los grandes maestros del cine actual. Un tema que podría haber resultado pura ciencia ficción, o pura ideología, y que, sin embargo, es tratado por el director con el respeto, la sutileza y la profundidad a la que nos tiene acostumbrados.
Desde el comienzo hasta el final, las tres historias que se van entrelazando a lo largo de la película nos señalan que hay un horizonte más allá de esta vida, que lo que pase más allá depende de lo que hemos vivido aquí, y que siempre, en cualquier situación, se puede abrir una puerta a la esperanza, por muy oscura que sea la realidad. Una mujer que ha experimentado la muerte y ha vuelto a vivir, un hombre que vive un don como una maldición, y un niño que no puede superar la desaparición de un ser querido: tres personajes al límite que, como el protagonista de “Gran Torino”, o el gran Mandela de “Invictus”, descubren que es posible creer.
Clint Eastwood siempre, cuente la historia que cuente, narra con gran maestría, con ritmo pausado, sin prisa, con una belleza impresionante en largos primeros planos, la vida de sus personajes.
Resulta curioso que cuando Marie Lelay, la periodista francesa que protagoniza una de las tres historias, decide cambiar el contenido de su libro para hablar de la existencia del Más Allá, recibe las mismas críticas que ha recibido, en muchos medios, la película misma: “eso es ciencia ficción, no es interesante hablar de esto en tiempos de dudas y de positivismo...”. Parece que el director hubiera puesto en el personaje lo que sabía que iba a provocar su película.
Recomendación: no hacer caso a aquellos que han colgado a “Más Allá de la Vida” el cartel de “Thriller” o de “Ciencia Ficción”. No tiene nada que ver con ello. Su hilo conductor es, además del tema de la muerte y del Más Allá, Charles Dickens (que está presente en toda la trama: los audio-libros que escucha el personaje interpretado por Matt Damon, la personalidad del niño de Londres, la casa que es visitada al final, los últimos encuentros...), la Tormenta que descarga sobre las ciudades y, a la vez, sobre las almas de los protagonistas, los momentos históricos en los que la muerte ha golpeado especialmente a la humanidad (el Tsunami, el atentado terrorista del Metro de Londres...), el encuentro entre las personas más allá de la desesperanza... Todo esto, como en muchas otras películas de Eastwood, forma la trama de fondo de una historia que, si se ve como un drama sobre la vida y la muerte, dejará ese buen regusto de no manipular al espectador con ninguna ideología, pero sí señalarle un camino muy distinto al que nos suelen señalar demasiadas veces en nuestra sociedad.